Dónde comer sin ruido en Madrid

 In AG Bell, Madrid

‘Comer sin ruido’ es una campaña que surge para ayudar a los empresarios de hostelería y restauración a conseguir que sus locales sean acústicamente agradables. Esta idea original de AG Bell International se puso en marcha tras comprobar que en muchos establecimientos resulta difícil conseguir un ambiente tranquilo debido al exceso de ruido que producen las máquinas, los empleados e incluso los propios clientes.

Esta iniciativa fue apadrinada por el chef Ramón Freixa y en Madrid cuenta con los restaurantes Alabaster, Amarras, Barra Atlántica, Bodega Museo Maserof, Carlos Oyarbide, Casa Manolo, Coque, DSTAgE, Hotel Único, Lakasa, Maitia, Punto MX, Goya, Santceloni, Sushita Café, La Terraza del Casino y La Torcaz. Para aquellos que quieran hacer una excursión fuera de Madrid está el restaurante Tierra, situado en Torrico (Toledo).

Cualquier restaurante puede registrarse y formar parte de la guía de establecimientos donde comer sin ruido (www.comersinruido.org). El único requisito es que hay que cumplir al menos tres de estos criterios para poder darse de alta: aislamiento del ruido de la calle, acondicionamiento acústico del local, medidas contra el ruido de los electrodomésticos, separación entre mesas, responsabilidad del personal o uso no simultáneo de aparatos audiovisuales.

El objetivo de ‘Comer sin ruido’ es doble. Por una parte, mejorar el confort acústico del establecimiento y aumentar el bienestar de todas las personas, incluidas aquellas con problemas de audición. Por otro, instar a críticos gastronómicos y periodistas especializados a que incorporen el confort acústico como una variable más en las valoraciones y críticas de restauración para bares, cafeterías y restaurantes. Los usuarios podrán así recibir más información sobre los locales.

Los orígenes de los ruidos molestos son variados. Para cada causa existe una solución, aunque como norma general sirve el acondicionamiento acústico de los espacios mediante la utilización de materiales específicos, como paneles absorbentes en techo, materiales porosos y tejidos en la decoración que reducen la reverberación y contribuyen a crear espacios acústicamente confortables. Aquellos ruidos que proceden del exterior y están motivados por su ubicación en una calle ruidosa con gran tránsito de vehículos y peatones o la proximidad a un hospital, estación de bomberos o aeropuerto se limitan con un aislamiento adecuado. En ocasiones, la contaminación acústica se evita con soluciones tan sencillas como dejar un espacio de separación entre la salida al exterior y la sala o el comedor, colocar doble puerta o cortinas en los ventanales o escaparates.

También se generan ruidos en el interior de los locales, como el impacto al colocar la vajilla y los utensilios de cocina, choques de puertas, arrastres de sillas y mesas o la hora de servir. Todo se arregla con una actuación responsable del personal que respete el bienestar de los clientes, con protectores en las patas de sillas y mesas y con materiales que absorban el impacto en las superficies de trincheros, cajones, estanterías y otros objetos.

Los aparatos de radio, música, televisión y máquinas diversas que funcionan a la vez generan tal volumen de ruido que dificulta la conversación y ocasiona que los clientes eleven el volumen de voz. Por ello hay que evitar el uso simultáneo de aparatos generadores de sonido o incluso separar los espacios y crear zonas libres de ruido. En entornos ruidosos, las personas tienden a alzar la voz, lo que provoca el llamado “efecto café” que invita a otros a hablar más alto. La solución pasa por una buena separación entre las mesas. También desde la dirección del negocio se puede recomendar no elevar la voz a los clientes más ruidosos.

 

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